GEOMETRÍA LÍQUIDA

 
"Sostiene la fuente con la mano izquierda, en declive hacia su plato, y con el tenedor, sostenido en la derecha, va arrastrando hojas de ensalada empapadas de aceite y mezcladas a las manchas rojas del tomate que van cayendo en su plato en medio de una especie de chapoteo". Así describe el santafesino Juan José Saer una acción que se podría traducir simplemente como "se sirvió ensalada". ¡Qué habilidad para encontrar palabras aliadas al agua como “empapadas” o chapoteo”, y describir una acción tan cotidiana como el almuerzo! (la cita corresponde a El limonero real, que relata el asado de cordero más célebre de la literatura argentina). ¿Será la cercanía al río Paraná y sus afluentes lo que familiariza tanto a los santafesinos con la esencia de lo acuoso? Porque la misma pericia para expresar la esencia de lo líquido aparece en la pintura de otra santafesina, Gladis Rubio. En sus pinturas, los colores fluyen como el torrente de un río y descansan como gotas recién caídas del cielo. La artista prefiere las formas redondeadas de una esfera imperfecta que se ensancha y se contrae con el ritmo de su propio capricho. No hay dudas que la energía que anima sus pinturas es ying, femenina, lunar y móvil.
 
Las gotas de color –si cabe llamarlas así- son de tamaños diversos y nunca tienen la misma forma. Sobre ella hay una fuerza que ejerce presión y son ellas a la vez que presionan a su entorno, en un juego de energías elásticas que nunca permiten que se pierda el sentido de las formas. Algunas de estas gotas son contenedoras de otras - diferenciadas por sus colores- y conllevan la doble función de contener y ser contenidas en un juego tácito e infinito. Y precisamente esta noción de infinito planea silenciosamente sobre toda la obra de Gladis. No es difícil entender sus pinturas y objetos como el momento preciso y congelado de un chapoteo en medio de una tormenta perpetua. En algunas telas se trama una especie de "tejido microscópico pop", como si algunas células hubieran salido a festejar un carnaval multicolor. Se sabe que lo infinitamente pequeño nos arroja directamente a lo infinitamente grande, situándonos en la intemperie de la escala. Es así como las pinturas de Gladis nos desplazan a una Vía Láctea de corpúsculos rutilantes; curiosamente este "camino de la leche" (tal la traducción latina de esta galaxia) también es líquido. Así como en el cosmos incontables cuerpos celestes se mueven al compás de una danza armoniosa, las microscópicas células conviven lado a lado animando a un ser mayor.
 

Pues bien, este espíritu es lo que evocan las pinturas de Gladis, un conjunto orgánico y misterioso que se despliega ante nosotros para mostrarnos la unidad en la diversidad. Detrás de aquellos chapoteos de color subyace una fuerza unificadora que fluye ininterrumpidamente. Las pinturas y objetos de Gladis son parientes de la obra feliz de arquitectos místicos como Gaudí y Hundertwasser: detrás de la catarata de colores, de un delicioso diluvio policromo, existe la firme creencia que el universo es un conglomerado armonioso visible e invisible de seres ordenados por las leyes de un Gran Geómetra.

 

Julio Sánchez

GLADIS RUBIO | PINTURAS - Tel 1154070378 - Palermo - Buenos Aires - Argentina - arte@gladisrubio.com.ar
 
 
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